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CREAMFIELDS BUENOS AIRES 15 Años
Por siempre joven

Una noche de lluvia intensa. Un 10 de diciembre de 2001, a días de que el país entrara en una crisis monumental. Con el cosquilleo de lo recién descubierto por muchos, la música electrónica vivía un momento efervescente. Por primera vez en su breve historia, Creamfields, el festival británico salía de Inglaterra y coronaba en el Hipódromo de San Isidro, como un ideal, como el inicio de una era: la nueva generación de festivales con identidad, que hablaba de una ventana al futuro, de una experiencia inédita, de compartir nuevos sonidos, nuevas sensaciones, durante toda una tarde, una noche y un amanecer. A partir de aquel año, nada fue igual.
Cada edición de Creamfields Buenos Aires dejó una o varias postales inolvidables: algunos recordarán a Junkie XL capear un temporal. A los primeros héroes, Dave Seaman, Paul Oakenfold. Otros, votarán por el show incendiario de Prodigy. Pete Tong, Deep Dish, Fatboy Slim dirán. La revelación: haber visto a LCD Soundsystem, Plastikman, Groove Armada o UNKLE. La fiesta con Audiobullys. Jeff Mills. Cada vez son más los que vieron a Modeselektor, cuando la dupla alemana todavía era un número underground, igual que Apparat, Sasha, Faithless, Tiga, David Guetta, cuando todavía no era una estrella pop, parado sobre la mesa. Underworld. ¡Danny Tenaglia! Muchos, con fervor casi religioso, se vuelven a encontrar en la Cream Arena, donde Hernán Cattáneo, nuestro embajador del dance, se coronaba rey en cada sesión. Pero Creamfields supo acompañar también el desarrollo de la escena aquí: Romina Cohn, Zuker y sus experimentos, el circo de Bad Boy Orange, bandas como Babasónicos y Altocamet, como Catupecu Machu. Hasta Gustavo Cerati hizo un feat el productor Gustavo Santaolalla. A aquellos nombres históricos, se han sumado Deadmau5, Calvin Harris o Martin Garrix, con el sonido de una nueva época.
Praderas de césped, día de sol, botas de lluvia, lentes de sol al anochecer. Extravagancia. Sólo por una noche al año (o dos), miles de clubbers, rompían convenciones, volvían al parque de diversiones. Rebobinaban hasta encontrar a su niñ@ interior. Amanecer en el dock.
A esta altura, Creamfields es para su público (al menos para dos generaciones), una especie de oasis, una cápsula en el tiempo: unas vacaciones, una pausa fantástica a la rutina. Un catálogo expansivo con los nombres significativos de la historia del más nuevo (o novedoso) de la música.
Buenos Aires fue cabecera de playa en el desembarco de Creamfields en Latinoamérica: y cada temporada, más ciudades capitales de la región fueron coronando su lugar en el mapa: Lima, Santiago, San Pablo Florianopolis… Así y todo, Creamfields Buenos Aires consolida cierto magnetismo para el clubber peregrino. Cada año, un éxodo de cabotaje e internacional llega a Buenos Aires en los días previos, ya sea al Autódromo, Parque Roca, Puerto Madero, o Costanera Sur.
Por sus escenarios ( los outdoor son, año a año, imponentes murales de luz y sonido), pasaron los distintos estadios del dance de los últimos 15 años: los hipnóticos pasajes del progressive, del minimal, los eternos sonidos del techno y del house clásico, la épica del trance, la velocidad del drum & bass, hasta la última generación: hoy el dance es un nuevo fenómeno pop global.
Felices 15 años, Creamfields BA! Por siempre joven.